miércoles, 17 de agosto de 2011

Mesón Bouzas

Y el primer bar que recoge Tomarse Algo es el Mesón Bouzas, en Vigo (ver Mapa a la derecha, que para eso he estado una hora viendo tutoriales de google maps). La decisión de empezar por él es porque es el último al que he ido solo. Por eso y porque uno le guarda cariño y se siente muy a gusto en él.

El Mesón Bouzas me queda cerca de casa. Podría decir que es de mi barrio de Vigo, pero es que no sé si vivo en un barrio, porque como muchas zonas de la ciudad Olívica, esta del margen derecho de la Gran Vía entre el monumento de los caballos y Plaza América, no tiene denominación específica. “¿Qué dónde vivo? Pues cerca de la Plaza de España, por la calle Barcelona, antes de Povisa, cerca del Orensano, por el final de Hispanidad…”. Esas son algunas de las respuestas posibles.

Nos situamos entonces en la calle Sevilla. Este es un punto neurálgico porque en un radio de 40 metros, hay otros dos bares dignos de aparecer en este blog, como son la Taberna O Carriño, que tiene uno de los mejores licores café que he catado en mi vida, y la Cafetería Sevilla, que está abierta casi toda la noche y, a pesar de un cambio reciente de dueños, no ha cambiado su modus operandi. Pero no pongamos el carriño antes de los bueyes.




El dueño del Mesón Bouzas se llama Pepe. Creo que alguno también lo llama José, pero no podría asegurarlo, porque tengo ese recuerdo confuso de captar al vuelo una interpelación de barra. Es de los que llevan el oficio de mesonero en la sangre, si es que existe una vocación para esto. Sus hijos le echan una mano tras la barra de vez en cuando y conoce a sus clientes: al mal pagador le exige dinero por adelantado antes de servirle, al Señor Sierra siempre le pregunta por Beluso, a mí siempre me pregunta por el Señor Sierra…

Un día bañado en Godello, conocí al señor Sierra. En la barra estaban hablando de Aldán y de Bueu, y no recuerdo si fui yo con la valentía del vino blanco o si fue mi compañero de barra, pero el caso es que nos metimos en la conversación para dejar caer mis orígenes sanguíneos en Beluso. Rápidamente, Pepe y el cliente con el que charlaba (un habitual) me señalaron al Señor Sierra, que estaba sentado en una mesa, con su mujer, dando buena cuenta de una jarra de vino con sendas cuncas. Se levantó, y cuando le expliqué de quién era hijo y nieto, se emocionó, se rió mucho y me dio orden de avisar a mis padres que había estado con el Señor Sierra, que los conocía de toda la vida.

Algo más debimos de hablar, y cuando horas después le dije a mi padre que estuve con el Señor Sierra, se rió más y adivinó que había estado dándole al alpiste. Al parecer es un habitual de los bares de Vigo en la temporada otoño-invierno, y en épocas estivales emigra a Beluso con su mujer. Pepe en verano (casualmente, época en la que escribo esto) me pregunta por el Señor Sierra, si lo he visto por allí. Y yo, que me tiro los veranos en el pueblo, le digo que no lo veo. “Eso es que no sale de bares a los que tú no vas” dice siempre sonriendo Pepe. Un día le preguntaré al Señor Sierra sobre los bares a los que va, y si logro visitarlos y transcribir las experiencias en este blog, entonces será cuando este espacio comience a tener algún sentido.

La sangre tira mucho, y me he extendido demasiado con lo del Señor Sierra, cuando tampoco es para tanto. O tal vez no, porque él y su mujer sirven de ejemplo de un prototipo de clientela asidua del Mesón Bouzas. Matrimonios mayores que van a tomarse sus vinos de todos los tipos: de barril, blancos, botellas… Es envidiable ver tantas parejas y matrimonios amigos compartiendo mesa y bebiendo animadamente. Se suelen sentar en las mesas. En la barra nos ponemos más los solteros o los que dejan a la parienta en casa. Hay también terraza exterior para aquellos que fumen. El ambiente es muy propenso a hablar, aunque no te conozcan de nada, lo cual siempre es de agradecer.

Uno de los grandes méritos del Mesón Bouzas es que, además de tener una pérgola de madera sobre la barra que realza la estancia, cuidan mucho el tema deportes. Carreras ciclistas, partidos televisados, y, sobre todo, algo que recuerdo con especial emoción: retransmisiones radiofónicas. Un día jugaba el Celta contra el Tenerife o Las Palmas y no lo echaban por ningún canal ni de pago ni de piratear. Pepe no se amilanó y encendió un viejo transistor para que todo el bar pudiese sufrir con la retransmisión de Radio Galega. Es la única vez que he escuchado un partido en un bar, y eso supongo que marca (o As).

Es inevitable referirse también a los precios absolutamente competitivos. Además de poseer un catálogo de vinos muy amplio, las botellas se adaptan a todos los presupuestos, como el chiste de Ortopedias Fernández. Mi predilecto es un Godello de 13´5° que la botella está a 7 euros (precio de risa para ser un bar). En cervezas, la Voll Damm está al precio más barato que puedes encontrar a día de hoy en bares y cafeterías: 1’60 la botella de 33 cl.

Y al dueño, al ambiente, a los deportes y a los precios, hay que sumarle que siempre te pone algo de picar (en curiosa relación con los resultados del Celta. Si gana o va a jugar algo importante, es más generoso). Y si te cae el chorizo picante que le traen de Zamora, no aspires a cualquier posibilidad de mejora (en una hora). 

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